
Muerte en el agua. El 19 de febrero de 2013 se halló en uno de los depósitos de agua situado en la azotea del Hotel Cecil en Los Ángeles el cuerpo sin vida de una estudiante canadiense de la Universidad de Columbia Británica. Tenía 21 años. Emprendió el 22 de enero de 2013 un viaje en solitario por la costa oeste de Estados Unidos para desconectar de los estudios y conocer varias ciudades californianas, visitando San Diego y posteriormente Los Ángeles. Buscando alojamiento a precios bajos eligió el Hotel Cecil. Tras recibir quejas de los huéspedes sobre problemas de presión en los grifos y el mal estado del agua, un empleado revisó los tanques de distribución hídrica y descubrió un cadáver flotando en el interior de uno de ellos, despojado de sus ropas y objetos personales que flotaban alrededor del cuerpo inerte. Esto se explicaría por el llamado desvestimiento paradójico, ya que los afectados de hipotermia severa, tal como ocurrió en este caso, pierden el control de la temperatura corporal, lo que les provoca una falsa sensación de calor extremo e impulsa a la persona a quitarse la ropa. Tras la autopsia, la Policía forense determinó que la causa del fallecimiento se debió a un ahogamiento accidental motivado por una crisis de trastorno bipolar que la condujo a la azotea, sumergiéndose en el tanque de agua como refugio frente a una persecución imaginaria debido al brote psicótico severo afectante. El día de su desaparición -31 de enero de 2013-, la joven debía dejar su estancia y liquidar la cuenta del hotel, teniendo previsto posteriormente viajar a la ciudad de Santa Cruz -con más de 60.000 habitantes y situada a unos 550 kilómetros al norte de Los Ángeles-. Sus padres acudieron a la Policía al no producirse la comunicación telefónica que mantenían a diario con ella para confirmar que estaba bien, decidiendo viajar desde su residencia de Vancouver y cooperar en la investigación. El 1 de febrero de 2013, se inició la búsqueda formal de la chica, registrando su habitación y utilizando perros rastreadores, no obteniéndose resultados de localización física. No se observaron signos de lucha, violencia o restos de sangre, encontrándose el ordenador portátil, cartera, documentación, tarjetas de crédito y la medicación recetada para el trastorno bipolar y depresión que padecía la joven. El análisis toxicológico posterior confirmó que estaba inframedicada, con trazas bajas en su organismos del estabilizador -Lamotrigina- y el antipsicótico -Quetiapina- necesarios para la toma de los antidepresivos -Venlafaxina y Bupropion- prescritos para su trastorno mental, circunstancia provocadora de un brote psicótico o un estado de manía severo producto del desajuste químico en personas con su diagnóstico. La joven expresó en Tumblr frustración y resentimiento por depender de pastillas para poder realizar las actividades esenciales de la vida diaria de forma autónoma, saludable y adaptada a su entorno. Según los informes médicos, padecía un trastorno bipolar de tipo I con fluctuaciones extremas y patológicas en el estado de ánimo desarrollador de fases maníacas agudas y pérdida de contacto con la realidad.
El disco de hoy es «…Something in the water» (…Algo en el agua), el primer elepé del cuarteto -dos componentes norirlandeses y dos ingleses- Corpse Water (Agua de cadáver), creado en 2025 en base a la práctica de un death metal canónico. Fue lanzado de manera independiente en formato digital y en edición limitada a 100 copias en vinilo color verde lima transparente por la discográfica británica Grindscene Records.
La portada nos muestra distintos momentos de la tragedia del Hotel Cecil anteriormente descrita y organizadas en una composición de viñetas lúgubres simbolizando lo ocurrido en torno al terrible suceso.
El listado de canciones lo forman 9 temas con una duración total de 27 minutos, bien dosificados a nivel estructural. La producción es potente de forma medida y nítida. Los ritmos predominantes son medios tiempos dinámicos.
La voz es gutural junto a calculados desdoblamientos agudos de impenetrable solidez. Destacar las elongaciones tímbricas salpicadas.
Las guitarras supuran un dolor llegado del infierno con un voluntarismo impiadoso de cerrado oxidamiento. El bajo es una pura delicia de impulsadora estregadura rítmica.
La batería, a los parches, los platos y el doble pedal recurre a un esquema clásico de insania rítmica explosiva. Subrayar, por último, las insólitas raíces thrash del tema ‘I Demon, I Monster’ (Yo, demonio, yo monstruo).
Coda: un disco creado para reflexionar sobre una muerte social deshumanizadora.
Nota: 7.
Autor: Deader.

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