Crítica: God Unknown – Last Glimpse of Daylight (2026)


A pesar del cansancio, una vez estaba allí pensaba que valió la pena. Lo consideraba su pequeño lugar, donde podía pensar sin tener ruido alrededor. El paisaje era precioso. Transmitía una paz indescriptible. Había vuelto porque una vez más se sentía herido. No era algo nuevo, a todos les pasa de forma constante. Lo que tal vez no ocurra con tanta frecuencia al resto de los mortales, es el hecho de ser menospreciado por la gente que se suponía que lo quería. Nunca fue sido suficiente. De pequeño lo comparaban con otros. Mientras ensalzaban sus supuestas virtudes, le repetían en un tono seco que por qué no era como tal o cual persona. Por supuesto, no era digno de tener su compañía. La soledad lo era, ella y una imaginación desbordante. De adulto, llegó a tener situaciones donde le desearon la muerte. También fue menos que un animal, despreciando su amor o su forma de amar, dándole mayor peso emocional a la bestia. Por supuesto, sus opiniones no eran tenidas en cuenta o escuchadas, o no al menos seriamente, y si se daba el caso, faltaba tiempo para vilipendiarlo delante de terceros. Nunca se acostumbró a vivir sin calor real, de la misma forma que sabía que conforme pasaban los años era más incapaz de darlo.
Bienvenidos al universo de God Unknown.

Los Funeral Doom metaleros God Unknown, lanzaron su primer Elepé «Last Glimpse of Daylight» en formato digital el pasado 31 de julio de 2026.

La alineación de la banda es la siguiente: Adam West (bajo, guitarras adicionales), Tats McGee (batería), Kostas Panagiotou (teclado), Daniel Tjernberg (voces), Camilla Tjernberg (voces).

Dentro del género que ejecutan, sin duda los ingleses han creado una obra realmente recomendable. Por supuesto, no estamos ante una propuesta que sea para todos los públicos, sino más bien todo lo contrario. Cada tonada, envuelta en una gruesa capa de tristeza e ira reprimida, hará que os internéis en vuestros más apesadumbrados pensamientos, para acabar estallando en un mar de lágrimas. Cabe resaltar, que la duración de los cortes no es excesiva, con lo que su escucha al completo no se hará pesada a aquellos neófitos que deseen adentrarse en esta forma de crear «ruido» radical. Asimismo, la producción es perfecta, mientras que el evocador artwork le va como anillo al dedo.

Asfixiantes y nihilistas son las seis cuerdas. Los riffs os ahogarán sin compasión gracias a las depresivas dobles armonías y a un sentido de la melodía absolutamente loable. En ocasiones, la lead guitar hace acto de presencia, cumpliendo con creces su cometido.

El registro vocal imperante es el growl profundo. Sin embargo, no temen introducir si la ocasión lo requiere clean vocals oscuras narradas y voces limpias femeninas.

El bajo manda con mano de hierro en la inicial e instrumental ‘MMMMDXIV’ y la final ‘Frost on the Windowpane’.

Como más de uno habrá deducido, en lo que a percusión se refiere, la velocidad brilla por su total ausencia. Preparaos para un chaparrón de mid y down tempos.

Aconsejo especialmente la canción que da título al álbum, y ‘Fallow Land’. De esta última que he mencionado, atentos a sus últimos compases.

«Last Glimpse of Daylight» es tan sólido como trágico. Indicado para la parroquia afín a cosas así.

Nota: 7
Autor: Chus

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