Crítica: Destroyers Of All – The Vile Manifesto (2019)


Centenares de cadáveres, entrelazados mediante lo que parecían ser enormes clavos, formaban una especie de frondoso árbol putrefacto. Las moscas, entraban y salían por todos los orificios de los fiambres. Se alimentaban y usaban los cuerpos sin vida como lugar donde depositar sus larvas. El suelo estaba repleto de gusanos. Conforme caían de los muertos, intentaban volver a subir. Mientras eso ocurría en medio del almacén, al fondo se encontraba Zack, un joven de dieciocho años. Llevaba 4 días allí. Estaba atado de pies y manos tirado en el suelo, embadurnado por su propia orina y heces. No sabía cómo había ido a parar a ese horrible lugar. Lo último que recordaba, era que al salir de una fiesta genial en casa de Clay, se metió en su coche a esperar que se le pasase la borrachera para poder irse a casa. Nadie sabía dónde estaba, aunque suponía que sus padres habrían llamado ya a la policía. las probabilidades de que lo sacaran de allí a tiempo eran nulas y él era consciente de ello.  A pesar de todo, mantuvo la esperanza hasta que finalmente murió de hambre, cubierto de llagas.
Bienvenidos al universo de Destroyers Of All.

Los Prog Death Thrash metaleros portugueses Destroyers Of All volvieron a la carga el 2 de febrero de 2019 con su segundo Larga Duración «The Vile Manifesto», lanzado por Mosher Records.

Su formación es: Bruno Silva (bajo), Filipe Gomes (batería), Alexandre Correia (guitarra), Guilherme Busato (guitarra), João Mateus (voces).

Cuando tengo el inmenso placer de oír discos así, siempre pienso una cosa: ¿sus creadores son conscientes de lo terriblemente brillante que es el álbum en cuestión? Me quito el sombrero ante los de Portugal. Estos tíos básicamente se han marcado una obra maestra, donde sin duda no reclaman, sino que ya son los poseedores del trono del género que ejecutan. Velocidad a raudales, buenas dosis de técnica extra y alguna que otra sorpresa compositiva son las señas de identidad del Elepé que hoy protagoniza estas líneas. ¿Se puede pedir más?, yo creo que no. Como suele ocurrir, aquí todo está en su sitio. Desde una producción impoluta hasta un artwork terrorífico.

Los riffs son completamente devastadores. Como comentaba un poco más arriba, exhiben un punto de enrevesamiento maravilloso si la ocasión lo requiere. Por lo demás, los hallamos fluidos, punzantes, pesados, a una cuerda y a doble armonía. Mención aparte merecen los solos. ¡Qué maravilla!

Iracundos hasta decir basta son los registros vocales. A su vez, y puntualmente, se atreven con coros típicamente thrashers – o bien mirado hardcore old school-.

A la velocidad de la luz suele ir la percusión. Sanguinarios «golpes relámpago» y up tempos os despellejarán sin compasión. Obviamente, no faltan los cambios de dirección rasante y las partes a medio gas.

Supongo que ya lo sabéis ¿no? Efectivamente, destaco, recalco y puntualizo todas y cada una de las tonadas. Más plásticos así hacen falta en este mundillo. De lo mejor de lo poco que llevamos de año. ¡COMPRADLO O MORID!

Nota: 10
Autor: Chus

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