Crítica: Soulburn – Quantifying Cosmic Doom (2026)


Soulburn, la banda neerlandesa nacida de las cenizas de Asphyx, regresa con su quinto trabajo, «Quantifying Cosmic Doom». Estamos ante un álbum que confirma que su travesía artística no ha sido lineal, pero sí inevitablemente poderosa, el disco se erige como una cumbre oscura y hermosa del metal extremo. En otro orden de cosas, en cuanto al producción se refiere, Toneshed Recording Studio (Horst, NL) junto a Soundlodge (batería) garantiza una claridad moderna sin perder el carácter antiguo y crudo característico de Soulburn. Asimismo, la portada corre a cargo de Manuel Tinnemans, la cual muestra una imagen que acompaña la música con una estética oscura y cósmica, condensando el espíritu del álbum.

«Quantifying Cosmic Doom» es un álbum épico que funciona como una narración con hilo conductor, sin perder la crudeza primigenia. Las letras y el título de las pistas evocan una cosmología sombría y filosófica que se alinea con el tono grave y sombrío de cada tema. El álbum explora grandes preguntas a través de imágenes cósmicas, catapultando emociones a través de riffs cortantes y pasajes solemnes. La sección rítmica, liderada por Twan van Geel en la voz/bajo y Marc Verhaar en la batería, plasman una base firme que permite que las guitarras de Remco Kreft y Eric Daniels desplieguen texturas densas y pesadas, pero con momentos de respiración que dan respiro a la escucha.

‘The Braveheart of Nightmares’ abre con una potencia contundente, marcando el tono épico y sombrío del álbum. ‘Powehi, the Embellished Dark Source of Unending Creation’ destaca por su atmósfera hipnótica y una puesta en escena sonora que fusiona oscuridad y grandiosidad. ‘A Pyramid Absurd’ y ‘An Impious Journey Through the Cathedral’s Mouth’ muestran el dominio de Soulburn para alternar crueldad y mística, con riffs que perforan y cortes melódicos que sostienen la emotividad. ‘Stalactites of Molten Flesh’ y ‘M87 – What Hopes To Be Born?’ aportan pesadez ceremonial y exploraciones cósmicas, respectivamente, manteniendo el álbum en una línea de intensidad sostenida. ‘In the Very Time That Will Rot Us’ y ‘An Innocuous Swathe of Sky’ cierran el viaje con un sentido de inevitabilidad y reflexión, dejando al oyente con una impresión de grandeza trágica.

El dúo doom y black metal actúa como un coro sombrío que eleva las guitarras a cimas melancólicas. Es un cruce que no busca la espectacularidad vacía, sino una arquitectura sonora densa y emotiva. A lo largo de las once canciones, la banda teje una narrativa sonora con ritmo pesado, riffs contundentes y una atmósfera que oscila entre lo apocalíptico y lo contemplativo. Las secciones veladas y las melodías punzantes conviven para crear un viaje cinematográfico. La producción, a cargo de Erwin Hermsen y Fons van Dijk (con la batería grabada en Soundlodge por Jörg Uken), suena nítida y contundente, cada instrumento conserva su carácter sin perder la cohesión del conjunto. El timbre de las guitarras y el golpe seco de la batería mantienen la intensidad, mientras que el bajo aporta una columna oscura que sostiene la atmósfera.

Nota: 9.9
Autora: Violeta Wolff

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