Crítica: Goreworm – Miasmic Solitude (2026)


No recordaba la última vez que pudo comer algo. No sabía cuanto más aguantaría. A más avanzaba, más hostil era tanto el paisaje como la flora y fauna. Poco a poco, a su alrededor el verde se tornó marrón. A lo lejos, podía ver el enorme obelisco. Si conseguía llegar allí, tal vez podría sobrevivir. Ese era el punto de reunión de su equipo. Estarían allí un día más, después lo abandonarían. Un desafortunado accidente, que acabó con la vida de su compañero y el transporte lo llevaron a tal situación. Necesitaba descansar, así que se sentó por un instante en el arenoso suelo. Sacó la cantimplora y bebió un poco de agua. Mientras lo hacía, un horripilante ser con trazas arácnidas apareció. Se levantó de golpe y comenzó a correr. No llegó ni a los 10 metros cuando un afiladísimo apéndice le atravesó el pecho…
Bienvenidos al universo de Goreworm.

El 12 de junio de 2026, Transcending Obscurity Records lanzó al mercado el segundo Elepé de los Technical Death metaleros Goreworm, llamado «Miasmic Solitude».

La alineación del grupo es la siguiente: Jordan Estrela (guitarra), Brent Moerschfelder (guitarra), Kyle Sharpe (batería), Kyle Lam (bajo), Robert Miller (voz).

Brillante, el trabajo que hoy os comento, es simple y llanamente brillante. Los canadienses dan una clase magistral de composición y ejecución, sin perder ni un ápice de la furia en el intento, logrando sin despeinarse crear uno de los mejores discos en lo que va de año. Es más, me atrevo a decir que «Miasmic Solitude» es toda una obra maestra. Ahí lo dejo. Por si fuera poco, la producción es inmaculada, mientras que el artwork, inquietante, simplista y para nada manido, llama la atención. Si es que no se puede pedir más.

Como os dejaba de caer en el párrafo principal, los riffs son enrevesados y punzantes, los cuales exhiben un sentido de la melodía magnifico. Con la lead guitar hay que quitarse el sombrero. ¡Qué barbaridad!

En los tiempos que corren, es muy complicado escuchar alguna agrupación que no use dos voces. Goreworm no es la excepción. Degustaréis tanto guturales agudos rasgados como growls más profundos. Eso sí, no esperéis clean vocals narradas ni estribillos facilones. Como debe de ser.

El bajo brilla especialmente en ‘Strelly’. No la dejéis pasar si estáis detrás de buenas bass line.

Dinámica a rabiar es la percusión. Lo que logra Kyle Sharpe tras su kit de tambores es extraordinario. Giros y más giros de dirección os esperan.

He disfrutado sobremanera del Long Play en cuestión. No obstante, os recomiendo especialmente ‘Monuments to Murdering’, ‘Orbweaver’, ‘No Reprieve’ y la instrumental ‘Strelly’.

La compra del álbum que ha protagonizado la reseña de hoy es obligatoria.

Nota: 10
Autor: Chus  

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