Crítica: Kaeck – Gruwelijk Onthaal (2025)


En el corazón más sombrío del underground holandés, Kaeck regresa con su tercer larga duración, «Gruwelijk Onthaal», un disco que no solo continúa la senda devastadora de «Stormkult» (2015) y «Het Zwarte Dictaat» (2020), sino que lo lleva a un plano aún más despiadado y apocalíptico. Lo que aquí se despliega en apenas 32 minutos es una representación sonora del fin de la humanidad, un culto blasfemo erigido en riffs abrasivos, atmósferas opresivas y una lírica que introduce a la figura del terrible dios Kaeck como verdugo definitivo de la raza humana.

La introducción ‘Het Huilend Altaar’ abre el disco con un estallido inmediato de odio ritual, un pasaje breve pero contundente que actúa como invocación. Desde ahí, cada tema se siente como un capítulo de la llegada de esta entidad cósmica, cuya presencia se traduce en guitarras ultrapesadas, teclados envolventes y un bajo particularmente macabro gracias al aporte de R. Nillesen, quien abandona la batería para dedicarse a construir texturas graves que oscurecen aún más el conjunto.

La novedad más destacada en la alineación es Frostbite en la batería, su ejecución da una nueva brutalidad al sonido, con un ataque feroz que no concede respiro. A su lado, Oovenmeester despliega una voz desgarrada y cavernosa que encarna a la perfección la narrativa de esclavitud y aniquilación de la humanidad, mientras que J. Kruitwagen se encarga de todo el armazón musical.

‘Door Gespleten Tongen Bezworen’ y ‘Ondermaanse Contracten’ muestran la habilidad de Kaeck para combinar crudeza y un aura ritualística, con un tempo medio que realza lo siniestro

‘De Nachtelingen Van Het Nieuwe Duister’ es un himno de oscuridad, donde el concepto de “el nuevo ocaso” se siente como una profecía inevitable.

En ‘Paterhexolimaat’ y ‘De Ijzeren Hand Van Het Benedenwaartse’ la banda alcanza una violencia más directa, donde el muro de sonido parece aplastar cualquier atisbo de esperanza.

El cierre con ‘Bloedend Verraad Met Ontvleesde Hand Gesmeten’ no solo es el tema más extenso, sino también el más representativo del álbum: seis minutos de caos aplastante, como el golpe final de un dios que destruye todo lo conocido.

«Gruwelijk Onthaal» no es un álbum para el oyente casual: es un manifiesto de odio, ritual y devastación, una obra en la que cada instrumento, cada voz y cada detalle gráfico conspiran para sumergir al oyente en una experiencia apocalíptica. Kaeck firma aquí su trabajo más oscuro y completo hasta la fecha, un testamento de lo que el black metal puede ser cuando se convierte en vehículo de puro nihilismo y visión artística total.

Nota: 9.9
Autora: Violeta Wolff

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