Crítica: Wreck – Defy – Remnants of Pain (2019)


Los recuerdos, como si de una pesadilla se tratase eran difusos. A su alrededor, todo estaba envuelto en llamas. No estaba seguro, pero creía que había hecho estallar su propia base. A su alrededor tan solo había fuego, caos y trozos de sus compañeros. Se preguntaba una y otra vez como había sido capaz de tal barbarie. De repente, una serie de flashbacks irrumpieron en su maltrecha mente. Había sido capturado por el enemigo. Después de semanas de tortura e hipnosis fue liberado. Su cometido era bien simple: acabar con su gente. Comenzó a gritar desesperadamente, cubriéndose el rostro con las manos. ¡Habían experimentado con su mente hasta convertirlo en un monstruo!…
Bienvenidos al universo de Wreck-Defy.

El 27 de septiembre de 2019, Inverse Records lanzará al mercado el segundo trabajo de los Thrashers Wreck-Defy titulado «Remnants of Pain».

El combo lo forma: Matt Hanchuck (guitarra), Aaron Randall (voz), Greg Christian (bajo), Alex Marquez (batería).

A no ser que sea de los primeros discos que escuchéis en vuestra vida de Metal, creo firmemente que el L.P que hoy ocupa estas líneas no gustará a nadie. De hecho, la etiqueta que mejor le viene es la de Heavy Thrash con cierto toque decadente y melódico en la garganta de Mr Randall. Las tonadas son tan peligrosas como un vaso de agua, exhibiendo una falta de potencia y frescura francamente insultantes. No contentos con ello, en la tercera tonada ‘Riverview’ canta tanto las influencias en las «hachas» de Exodus y Testament que llega a resultar repulsivo. De verdad, basta de cosas así. La producción es nítida, y como todo el Elepé, carente de garra. Para rematar el desastre, la portada no podía ser más lamentable. A ver si nos enteramos de una vez que el arte digital no queda nada bien si no se sabe hacer.

Manidos, predecibles y para nada trepidantes son los riffs. Acabaréis hasta el gorro de los embistes fluidos o pesados sin chispa que Matt Hanchuck nos regala. Algún instante sosegado hay por ahí desperdigado. Ejemplo de ello lo encontraréis en los primeros compases de  ‘Looking Back’ o ‘The Divide’. Los solos son igualmente insípidos. De verdad, es que no hay nada bueno.

Ya lo decía antes, las voces no cuadran ni a la de tres. Si las doblan malo, si resultan oscuras también y si intentan imprimir rabia, no lo consiguen ni en sueños. He llegado incluso a pensar en un Layne Staley «metalizado». Por cierto, por mi parte adoro a Alice In Chains en su primera etapa, así que el problema para mí es la mediocridad sónica.

La batería pasa desapercibida gracias a unos tempos desacelerados. Se suele golpear a medio gas. Cuando entra la velocidad, no hace que el corazón lata más deprisa.

Por supuesto no destaco ningún corte. No recomendaría este redondo a nadie. Hacedme caso, si queréis «Metal Apaleador» del bueno poneos el «Oppressing the Masses» de las leyendas Vio-Lence y dejaos de tonterías.

Nota: 3
Autor: Chus

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